Jonathan Bourhis, director general de Veeam México
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¿Y si las nubes se tornan grises?

Jonathan Bourhis, director general de Veeam México

El cómputo en la nube se ha convertido en una tendencia cada vez más popular y de mayor importancia para los equipos de IT dentro de las organizaciones, esto en gran medida se debe a que en un inicio sus expectativas se basaron en la flexibilidad, consistencia y disponibilidad permanente –condiciones que demandan los negocios modernos para lograr garantizar el acceso a sus servicios de IT 24/7.

En su último estudio sobre Transformación Digital, IDC visualiza que para el año 2018 más del 40% del gasto empresarial de IT de infraestructura, software, servicios y tecnología será en soluciones de nube . Asimismo la consultora destaca que en este año las inversiones en los servicios de nube pública y privada hospedada remotamente crecerán un 40% llegando a $3,6 mil millones de dólares en la región de América Latina.

Por su parte, las Predicciones de Gartner para 2016, muestran que el grueso del gasto de IT se destinará en su mayor parte al cómputo en la nube. Esto representa un cambio radical no sólo en cómo las empresas gastan su dinero, sino en lo que esperan de su infraestructura de IT.

Estos datos dejan claro cómo las empresas suman esta tecnología con mayor rapidez a sus estrategias de implementación de IT. Unirse a esta tendencia es ya prácticamente obligatorio, es cierto que existen temores por parte de las organizaciones para garantizar su actividad, hoy es posible asegurar que las empresas permanecerán activas y evitar que existan fallas al momento de acceder a la información, de manera que se aproveche al máximo las herramientas de nube. Sin embargo, con la rápida adopción de esta tecnología también se ha generado una pregunta fundamental ¿y qué pasa si la nube falla, si se torna gris?

Y es que la nube no es indestructible, existen una serie de problemas que podrían causar que un servicio de nube no esté disponible por cierto periodo de tiempo ya sea ocasionado por algún error humano o simplemente por un desastre natural, lo que puede representar la pérdida de negocios y reputación para el proveedor del servicio, mientras que para el usuario final significaría un vacío crítico en la disponibilidad dejando pérdidas que pueden llegar a costar hasta $16,000,000 millones de dólares anuales en promedio.

Ya han ocurrido casos en donde los servicios en la nube han fallado; por ejemplo, en 2011 los niveles de servicio en la nube de Amazon Web Services (AWS) se vieron afectados por la inesperada caída en los servicios de EC2 (Elastic Compute Cloud) – plataforma que ofrece servicios de infraestructura en la nube a un gran número de empresas alrededor del mundo – ocasionando que se limitara o negara el acceso a la información almacenada de los centros de datos que la compañía opera, así como la interrupción en la continuidad del servicio de muchos sitios por más de 24 horas. Y aunque fue muy buena la respuesta de Amazon para el restablecimiento del servicio, nadie está exento de este tipo de contingencias.

Hoy es posible evitar que las nubes se tornen grises y éstas lleguen a afectar a las organizaciones pero es labor de todos: por su parte, los proveedores de nube deben hacer todo lo posible para que los clientes no se vean afectados realizando varias copias de seguridad de las aplicaciones y datos, para comprobar que tanto la copia de seguridad y recuperación son tan rápidas y consistentes como sea posible para reducir al mínimo el tiempo en caso de inactividad; de igual forma a las empresas, se les recomienda seguir la regla 3-2-1: tres copias, al menos en dos tipos de almacenamiento de datos, entre ellos uno fuera del sitio, esto significa que al existir una falla, un respaldo siempre se podrá recuperar.

Esto significa que ninguna interrupción debe afectar los datos de las organizaciones. Ya sea en otro formato o en otro lugar, un respaldo siempre se puede recuperar con rapidez. Irónicamente, como servicios críticos de IT son colocados en la nube, “fuera de sitio” está creciendo en el sentido de que estos respaldos se almacenan realmente en las propias instalaciones de la empresa; esto significa que un solo corte nunca debe ser capaz de perjudicar los datos.

Sin duda alguna el mayor atractivo de la nube es tomar ventaja de los entornos de IT externos de tal forma que se logre aprovechar el funcionamiento de la infraestructura ya instalada sin que se vea afectada, ya que replicar en la nube in-house sería contraproducente. Como resultado, las empresas deben adoptar un enfoque escalonado a la protección: priorizar los servicios más críticos y asegurar que estos pueden ser llevados en línea de manera tan inmediata como sea posible. Las pruebas periódicas para asegurarse de que cualquier recuperación va a funcionar como estaba previsto, también es fundamental para garantizar que las empresas puedan seguir funcionando independientemente de lo que suceda en la nube.

¡Nubes blancas en el horizonte son posibles! Que las nubes estén siempre blancas y disponibles es posible gracias a los avances en virtualización que permiten a las empresas respaldar, almacenar, recuperar y probar más y más servidores cada vez; esto significa que cada vez una mayor proporción de servicios de IT dentro de una organización pueden ser tratados como de misión crítica y recuperados en caso de pérdida total.

En conclusión, en cuanto a la protección de datos, trasladarse a la nube no significa reinventar la rueda; significa que se deben mantener las mejores prácticas para asegurar que un problema no derribará los servicios de IT y paralizará el negocio. Al mantener estos hábitos en protección de datos, una crisis en una infraestructura de nube no significará el fin del mundo y las nubes serán blancas, cual deben ser.

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